El porno de nicho cobra relevancia cada día, y las páginas de porno amateur abundan. Una simple búsqueda en Google arroja casi 32 millones de páginas para las categorías “porno amateur”, y se trata de un floreciente negocio en diversas ciudades del mundo. Las protagonistas de los videos “girl next door” llegan envueltas en una atmósfera casual, casi de seducción, pero existe una historia detrás que pocas veces está disponible para los fans del porno: si la chica en cuestión es contratada, lo más probable es que no permanezca ni siquiera un año trabajando en la industria del porno profesional. Esto es lo que vemos:

Se abre una puerta como un telón y detrás de ella aparece una chica. Su edad no importa siempre y cuando tenga más de 18 (o que firme un papel donde afirme haberlos cumplido ya). Tampoco importa si es rubia, pelirroja, castaña o morena, sino lo que esté dispuesta (“cómoda”) a hacer frente a una cámara. Esta escena se vive decenas de veces al día en muchos sets porno improvisados del mundo; visto desde la perspectiva del director, se trata de la millonaria industria del porno amateur, un hervidero de nuevas chicas ansiosas de escalar en el reñido y generoso mundo del porno; pero desde la perspectiva de la chica que está detrás de la puerta, se trata de una aventura potencialmente peligrosa que encubre un negocio en el cual ellas son las víctimas (aunque se les enseñe a no serlo).

El documental de Netflix Hot Girls Wanted (Se buscan chicas calientes) expone un incómodo aspecto de la glamurosa industria porno, al abordar las historias de cuatro chicas que buscan una oportunidad en el mundo del entretenimiento para adultos. La directora Ronna Gradus no tiene una campaña en contra del porno en sí: su objetivo es echar a un lado la cortina de misterio detrás del Mago de Oz del porno y echar un ojo a las entrañas financieras de la bestia.

El filme se enfoca en Tressa de 19 años, una porrista de Texas que decide dejar a sus padres y viajar a Florida para hacer porno. A diferencia de los clichés de comedia romántica (dice Gradus), las chicas que entran a castings para chicas amateur no provienen necesariamente de condiciones de explotación en su lugar de origen, ni padecen trastornos mentales. La realidad es más sencilla: según Tressa, “necesitaba alguna forma de escapar, y entonces encontré un anuncio en Craiglist.”

El rol de la tecnología en la captación de chicas (que más de una vez harán cosas humillantes o desagradables para ellas a cambio de dinero, como se muestra en el tráiler a continuación) es un punto interesante para entender la retórica de “empoderamiento” y “libertad de expresión” con las que algunas páginas de porno amateur reclutan nuevos talentos. Las chicas serán invitadas a realizar escenas de sexo extremo frente a una cámara y un grupo de desconocidos a través de un discurso de libertad e independencia financiera; como dice Michelle de 19 años sobre su decisión de pasar de publicar tuits con fotos desnuda a hacer escenas hardcore: “Lo hago de todas formas, ¿por qué no?”

Tráiler de Hot Girls Wanted: